En Medjugorje, Bosnia-Herzegovina, seis jóvenes dijeron haber visto a la Virgen María por primera vez el 24 de junio de 1981. No sabían cómo nombrarla; después se presentó como “Reina de la Paz”. Desde entonces, este pueblo pequeño se volvió lugar de oración para millones. Las apariciones de la Virgen en Medjugorje han marcado a familias enteras con un mismo llamado: rezar, convertirse y vivir en paz.

Así comenzó (contado sencillo)
Aquel primer día, en la loma de Podbrdo (la “Colina de las Apariciones”), los jóvenes —Ivanka, Mirjana, Vicka, Ivan, Marija y Jakov— contaron haber visto a una Señora luminosa que los llamó a volver a Dios. Sintieron miedo y atracción a la vez. Volvieron al día siguiente con más gente. Hubo Rosario, silencios largos y un clima de paz difícil de describir. Con el paso de las jornadas, fueron entendiendo el corazón del mensaje: oración, conversión, Eucaristía, Palabra de Dios, confesión y paz.
Historias de los primeros días (1981)
Los relatos de Medjugorje corren de casa en casa desde entonces. Padres que cuentan que sus hijos, antes reacios a la iglesia, pidieron confesarse tras subir a la colina; abuelos que recuerdan cómo el pueblo, en plena Yugoslavia de entonces, rezaba sin miedo a la intemperie; catequistas que hablan de una alegría nueva en la parroquia de Santiago. Quienes estuvieron cerca de los videntes recuerdan preguntas muy simples: “¿Qué desea de nosotros?” —Rezar y creer—, respondían que habían escuchado. No había discursos: había gestos y una invitación a abrir el corazón.
Un médico del pueblo dijo no encontrar explicación a ciertos cambios repentinos de ánimo y serenidad en personas muy angustiadas. Una maestra recuerda a su alumno rebelde que dejó una pelea a medias y pidió perdón ante todos. Un campesino asegura que, después de años sin hablarse con su hermano, se abrazaron llorando después de rezar juntos en la colina. Historias pequeñas, contadas sin micrófono, que tejieron la fama de Medjugorje mucho antes de las cámaras.
Voces de conversión y reconciliación
A lo largo de los años, han llegado testimonios de todo el mundo. Un matrimonio en crisis, que viajó casi por obligación, terminó renovando sus promesas al regresar. Un joven que coqueteaba con las adicciones cuenta que la adoración eucarística nocturna le cambió la brújula; al volver, buscó ayuda y hoy acompaña a otros. Varios sacerdotes confiesan que allí recuperaron el fuego de su vocación: “No vi nada extraordinario, pero me volví distinto”, resume uno. Estas historias no prueban nada por sí solas; sí muestran frutos que la Iglesia mira con atención.
Signos, dudas y el camino de la Iglesia
Junto a los testimonios, hay signos que algunos narran: el llamado “milagro del sol”, rosarios que parecen dorarse, perfumes suaves en momentos de oración. Otros no sienten nada especial y, sin embargo, dicen haber salido en paz. También hay dudas y preguntas legítimas: científicos, periodistas y fieles han pedido prudencia y estudio. La Iglesia ha respondido con ese mismo camino: acompañamiento pastoral por los buenos frutos y discernimiento mientras continúa la evaluación de los hechos.
¿Qué dice la Iglesia sobre Medjugorje?
La Iglesia camina con prudencia. Hubo una comisión de estudio en el Vaticano y, en 2019, el Papa autorizó peregrinaciones oficiales organizadas por diócesis y parroquias, sin que eso signifique un veredicto definitivo sobre la autenticidad de las apariciones. Es decir: la Iglesia acompaña pastoralmente porque ve frutos espirituales, pero sigue discerniendo.
Una historia larga… contada en breve
- 1981: comienzo de las apariciones a seis jóvenes.
- Años siguientes: el pueblo recibe peregrinos; muchos hablan de conversión y reconciliación.
- Hoy: Medjugorje sigue lleno de oración. Hay días de adoración, catequesis, retiros y un clima que invita al silencio y a la paz.
Preguntas frecuentes
¿La Iglesia aprobó definitivamente las apariciones?
No. La Iglesia permite peregrinar y acompaña, pero no ha dado un fallo final sobre la autenticidad.
¿Se puede ir en grupos parroquiales?
Sí. Desde 2019 se permiten peregrinaciones organizadas por diócesis y parroquias.
¿Cuál es el fruto que más se repite?
La paz interior y el regreso a la vida de fe: confesión, Eucaristía, Biblia, perdón en familia.
Palabras finales
Las apariciones de la Virgen en Medjugorje han sido, para muchos, una puerta para volver a Jesús. Quienes creen y quienes dudan suelen coincidir en algo: allí se respira silencio, oración y paz. Y ese aire, cuando uno lo deja entrar, cambia la vida.
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